“Rudovico y Diamantina” (Cuento Medieval)

Fué una mañana de primavera cuando la vi por vez primera. Las flores abrían lujuriosas sus pétalos para mostrar al nuevo día sus corolas exuberantes, llenas de pólen como polvo de oro que las abejas y otros insectos esperaban con ansias para transportar en sus diminutas patas hacia otras porciones de tierra fértil donde germinarían creando nuevas vidas vegetales para realizar así, el milagro de la reproducción.

A través de las rejas de la enorme mansión, yo veía su porte elegante y sencillo, sus facciones de mármol, su mirada profunda y su cuerpo fexible cual danzante palmera con el dulce vaivén de su rítmico andar. Era ella una reina en un mundo de sombras, de aquellas que son tantas, que no nos dejan luz; y vivía muy triste tarareando su pena, como lo hacen los pájaros en sus jaulas herméticas, que cantan sus tristezas ansiando libertad. Dicen que descendía de una noble familia de Reyes y Emperadores de un lejano continente, tán lejano, que la historia no podría registrar… Pero al verla un solo instante en mi mente yo imaginaba leyendas de Caballeros cantadas por trovadores en sus justas victoriosas por el honor de una Dama. O de valientes guerreros en los campos de batalla, ofrendando sangre y vida por su Rey y por su pueblo. O los bailes majestuosos en las cortes y palacios, donde más de una doncella entregó su corazón al Caballero mas gallardo, dígno y apuesto. O aún, mil cuentos de adas, magos y zahoríes, fuentes de fina porcelana, manantiales y jardines, lagos encantados y castillos de cristal.

Siendo aún muy pequeñita, según me contaba un criado, tan viejo que hasta su nombre el pobre ya había olvidado, su padre por ambición o por falsa protección, o quizás por tradición, dióla un dia en matrimonio al Infante Fritzigonio, hijo del Rey Baldomero, poderoso gran Monarca que tenía sus domínios al otro lado de las montañas, siendo no muy bién apreciado por su grey en la comarca.

No hubo nada de extrañarse por semejante actuación, ya que éste caballero, ambicioso y marrullero, era el amigo entrañable del Monarca Baldomero.

Poseídos por la codicia de unir poder y fortuna, acordaron con crudeza, por riqueza y vanidad, exponer de sus retoños amor y felicidad; para lo cual se prometieron el uno al otro con perfidia y entre gran algarabía, del doncel y la doncella al alcanzar de edad la  mayoría, con arreglos especiales, realizar los esponsales, para así un dia no lejano, con el poder en la mano por la unión de los dos reinos, dominar al mundo entero. Esos eran los deseos del padre de la Princesa Diamantina y el perverso Baldomero.

Así quedó constatado en el libro de oro real: “Diamantina la Princesa y el Príncipe Fritzigonio, al cumplir los veinte años se unirán en matrimonio. Es voluntad de nosotros, como Monarcas de los dos Reinos que en este contrato real, además de ser amigos, actuamos como testigos. Firma el padre de la novia Gobernante de Morovia el Rey Obdubio Primero, después estampa su firma el Monarca Baldomero.

-II-

Rudovico era un buen mozo, atlético, musculoso, de porte esbelto y hermoso. Tenía el puesto de Lancero y era siempre el primero en lo que a azañas atañía. Del real ejército un verdadero ejemplo, Oficial de gran valía, andaba con gallardía y además de ser soldado, era un Bardo consumado. Cantaba bellos poemas a las puertas y balcones, tras de los cuales mas de una doncella escuchó. Y era como el ruiseñor con su canto a flor de pico…él llevaba a flor de labios, dulces poemas de amor: El excelso Rudovico.

Cierto dia el gran Lancero desfilaba por las calles, después de haber conquistado nuevas tierras para el reino, venciendo en fiera batalla a las hordas de Vitrayes. Cabalgaba en su corcél recibiendo los honores de Damas y de altos Lores, que en su eufória rendían homenajes a granél al autor de tanta gloria, con el grito de ¡Victoria! para el reino y el Doncél.

Mas de pronto, la mirada de una niña entusiasmada en sus ojos se posó. Desde el balcón adornado con lujosos cortinajes, estandartes y banderas, lanzas, espadas, escudos y yelmos con penachos de colores, matizando graciosamente con la ropa de la gente y un sinfín de bellas flores. Al instante como un rayo sus miradas se cruzaron, bella música celeste en sus mentes escucharon; Rudovico en su ansiedad y en la fiebre de su anhelo, recibió aquella mirada que era como un jirón de cielo. Y en la magia del momento en que sus almas se unieron, nació el bello sentimiento de amor, su juramento y promesa que se hicieron.

Un clavel rojo encarnado, que del balcón fué lanzado por la mano alabastrina de la bella Diamantina, fué a descansar esplendente en el pecho del valiente como un galardón de honor de la Dama a su valor y en sus pétalos llevaba un beso puro y ardiente del alma que fué hechizada por la magia del amor.

Desde ese dia hermoso, Rudovico y Diamantina se citaron en secreto. Unas veces junto al rio de corriente cristalina, otras bajo la frondosa sombra de la centenaria encina y aspirando la fragancia que emanaba de las rosas y jasmines, se miraban dia a dia del palacio en los jardines. Los versos cual melodías brotaban de su garganta con inspiración divina.

Rudovico canta y canta dulces poemas de amor a su amada Diamantina. Y en el balcón  por las tardes se inspiraba complaciente:

“Los reflejos vespertinos del ocaso iridicente iluminan la belleza de tu rostro bienamado y le dan a tu mirada esa luz magnificente que a mi ardiente corazón ha cautivado.”

¡Oh, mi amada Diamantina! a mi corazón ilumina el fulgor de tu mirada, yo se bién cuanto me quieres y que a mi alma nunca engañas…y embebido continuaba:

“Con tus ojos de luceros a mis ojos de luz bañas, ojos que  me acarícian con el plumero de sus pestañas”

Pero un aciago dia, desafortunadamente y por maldad de la gente, el romance de su hija la Princesa Diamantina con Rudovico el Lancero, llegó a oídos de su padre el Rey Obduvio Primero. Y a pesar de las riquezas, fama, honores y tierras que Rudovico ganara a fuerza de mil batallas en los campos y en las sierras, luchando con cuerpo y alma, con fé y denodado empeño, siempre buscando victoria y para el reino la gloria, Obduvio montado en cólera, olvidando los servicios y los grandes sacrificios de su más fiel Caballero, dió órdenes imperiosas, órdenes realmente odiosas, del Doncél pronta captura; y cargado de cadenas de los pies a la cabeza, suspirando con tristeza, maltratado y humillado por verdugos sempiternos, miembros de su propia escuadra que solo momentos antes fueran fieles subalternos, fué lanzado sin piedad de las mazmorras al fondo, con saña y pasión artera, destruyendo sin razón del héroe los dulces sueños, su amor, su felicidad y su brillante carrera.

Esa fué la reacción y traidora solución que el padre de la Princesa, practicó sin entereza para guardar la promesa que un mal dia formulara guiado por el demonio, dando a su hija en matrimonio sin meditar un momento en sus propios sentimientos, al hijo del Rey Baldomero, el Príncipe Fritzigonio.

Mientras tanto Diamantina, enterada por un paje, de su amado el cruel ultraje y canalla humillación, además de vil traición que su padre realizara, palideció como un lirio, lloró mucho hasta el delirio y perdiendo el entusiasmo, con profundo sentimiento fué a un rincón de su aposento a beber gota por gota de su alma el cruel tormento.

Rudovico en la mazmorra meditó noche tras noche, pero su alma fué tan noble que no profirió ningún reproche, acerca de la ingratitud, del Monarca la actitud, de su raciocinio insano…únicamente pensó: ¿Hasta donde ha de llegar la maldad del ser humano?

Por su parte el Rey Obduvio maquinaba su venganza sin ningún remordimiento, mucho menos sentimiento. Incapáz de discernir, le importaba poca cosa de su hija el porvenir; y con todo desamor e inundado de rencór administraba justicia  por lo que él llamaba : Honor.

-III-

El dia estaba esplendente y desde la madrugada asistía mucha gente, viniendo por los caminos de villas y pueblos vecinos, de muy distantes comarcas y de lejanas ciudades, pues grandes festividades se habían ya preparado para la celebración que exigía la ocación del fausto acontecimiento, como era el recibimiento de la Corte de Anafores.

Nobles damas, caballeros, oficiales y altos Lores, bellas docellas, apuestos donceles, juglares y trovadores, además de bailarinas con sus trajes de colores luciendo con elegancia guirnaldas de lindas flores.

Rodeado de guardias reales, lanceros y oficiales, lujosamente ataviado con su capa rojo escarlata bordada de oro y plata y luciendo su corona colmada de pedrería, rubíes, perlas y diamantes, todo una maravilla, se encontraba el Rey Baldomero mostrando parte de su patrimonio…y a su lado compartiéndolo el Príncipe Fritzigonio. Era el dia convenido por los viles Gobernantes, de cumplir la cruel promesa que años antes formularan; y aunque con salamería el uno al otro se tratara, no era más que hipocrecía de los míseros tunantes.

-IV-

Gossette, fiel servidora, dama de compañía, camarera competente así como confidente de la dulce Diamantina, asistía a esta a toda hora, pues ella la había criado como verdadera madre cuando un dia en mala hora, la Reina en un loco alarde de maestría al montar, quiso saltar un obstáculo a costa del sacrificio de su brioso corcél, yendo a dar al fondo del precipicio donde falleció con él.

Los guardias de las mazmorras tenían en alta estima a Cossette la doncella por su espontánea bondad, así como por los servicios que de ella recibieran en distintas ocaciones; pero más que todo amaban su trato amable y sencillo y su sincera amistad. Además idolatraban con absoluto respeto y mística devoción a su admirada Princesa y miraban con suma tristeza la suerte tan peregrina que por ambición del Rey Obduvio le tocara injustamente a su amada Diamantina.

Por lo tanto en el instante en que Cossette pidiera, después de estudiado plan, ayuda para el escape de Rudovico el valiente de aquél presidio inclemente, con inmensa satisfacción y no menos emoción, escuchó las voces fuertes de promesa y adhesion de estos fieles servidores que ofrendando sangre y vida, prepararían al héroe de las mazmorras la huída.

Y así fué todo planeado con precisión absoluta , Rudovico y Diamantina se encontrarían en una previamente escogida gruta, para luego pronto partir, olvidando su dolor, saturados de esperanza a hacer su nido de amor a otras tierras de bonanza, vislumbradas allá en lontananza.

Mientras tanto en el palacio todo era algarabía, se bailaba , se cantaba, se comía y se bebía; habían justas de lanceros, luchadores y guerreros. Atractivas odaliscas danzaban con maestría, juglares y trovadores desplegaban todo su arte y muchas azañas de guerra e historias de amor se cantaban en honor de aquellos Nobles, Damas y altos Lores de la Corte de Anafores.

-V-

Fué justo en la madrugada, cuando el silencio reinaba, que Rudovico el Lancero ayudado por los guardias, después de horas horrorosas logró huír de las mazmorras y montado en un corcél preparado préviamente y con su espada al cinto, salió ráudo del recinto rumbo a la ansiada gruta donde con pasión divina, lo estaría esperando su adorada Diamantina.

Pero desgraciadamente, la traición se hizo presente como un feróz diluvio, lanzando este plan valiente a los oídos del Rey Obduvio. Un lancero de la escuadra del glorioso Rudovico que aceptó gustosamente colaborar con la fuga, reveló los pormenores de tan estudiado plan, pues siempre había envidiado todos esos galardones, honores y distinciones que su jefe recibiera en distintas ocaciones.

El Rey Obduvio furioso envió a su ejército entero, tras de los guardias desleales y tras del noble Lancero. Y atrapados en la gruta donde se habían reunido, con su gran sueño truncado y sin otra alternativa, hicieron frente a las hordas luchando con alma altiva…Y cantan los trovadores de Rudovico la gloria, pues es la mejor batalla que hoy registra la historia.

Uno tras otro cayeron abatidos por el filo de su espada vengadora y en un instante oportuno, cabalgando con su amada escapó de aquel horror, mientras sus fieles seguidores cubriendo su retirada, entregaban sangre y vida por aquel sublime amor.

Salvado todo peligro, después de larga jornada, cuando los pajarillos cantan en la madrugada, Rudovico y Diamantina se arrullaron en silencio sin lamentar ya su suerte, prometiéndose mútuamente separarse únicamente al llamado de la muerte.

Fué en aquél instante de mística candidéz cuando al rostro del Lancero lo  invadió cruel palidéz… e inclinando la cabeza se desplomó lentamente en medio de su ansiedad de luchar inutilmente contra su debilidad.

Una flor roja posada en el pecho del Doncél, que dibujara su sangre al ser herida su piel por la flecha traicionera que lanzara algún canalla, durante la heróica gesta de su última batalla, mostraba con timidéz la tragedia presentida por donde gota por gota se le escapaba la vida.

Y fué así como en los brazos de su adorada Princesa, el arrogante guerrero, conquistador de naciones, triunfador de mil batallas y dueño de mil galardones, con su sublime alma de poeta, sensitiva, enamorada, cantó sus últimos versos al oído de su amada…

“Si de hoy en adelante tu existencia es un tormento,

fija tu triste mirada en lo azul del firmamento;

una estrella desde lo alto te enviará valor y calma…

¡Oh mi dulce Diamantina!,

será ella mi propia alma.”

…Y entornando la mirada exhaló su último aliento, aprisionando en su mano de poeta y de soldado, el clavel rojo encarnado con el beso enamorado, que un felíz dia fuera lanzado desde el balcón festonado  por la mano alabastrina de su amada Diamantina.

-VI-

A través de las rejas de la enorme mansión, una tarde gris de presencia invernal, yo pude ver asombrado movimiento de gentes, cortinajes de luto y un ambiente no usual.

Era una ceremonia llena de melancolía, enmarcada con el ambiente de tristeza de aquél dia. Rodeado de personajes sobre festonado banco, estaba en seda bordado un féretro blanco; sobre él lucía mústio un clavel rojo, marchito, con un beso entre sus pétalos que apuntaban hacia el infinito…donde las almas se unen, donde la maldad termina, donde están por siempre unidos Rudovico y Diamantina.

Recordando la historia de tragedia y pasión, así como la gloria de perdida ilusión, yo no pude evitar un sentimiento de pena, de tristeza infinita, de profunda emoción y una lágrima ardiente de mi alma brotó, a través de la cual pude ver en el fondo del jardín desolado, en un rincón obscuro, obscuro y apartado, a una anciana encorvada de apagada mirada que de tanto dolor no podía llorar. Era ella la madre, compañera y amiga, cómplice de la fuga, confidente y testiga de este drama fatal, que sufría en silencio la triste despedida de su ama y señora a quién ella siguiera aquel aciago dia en que el amor se fuera sangrando por la herida de una flecha mortal.

Ahí esperaba inerte, el beso de la muerte…silenciosa, pálida, melancólica, sola…sin ninguna querella, Cossette la doncella.

Autor: Efraín López Rodríguez

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