“LOS NIÑOS VAGABUNDOS”

Cuando veo un niño vagabundo

el alma se me hace añícos,

pués me hiere en lo profundo

el martirio de estos chicos.

Siempre bebiendo su angustia

siempre su hambre masticando,

con su fáz cansada y mustia

van por el mundo penando.

Y cargando con tristeza

la cruz de su cruel tormento.

¿Quién les da la fortaleza

para tánto sufrimiento?

El llanto es bálsamo santo

que alivia un poco su pena,

les agóbia el hambre tánto

que es en sus vidas condena.

En este valle de lágrimas

sus plantas pisan abrojos,

son sus miradas tan lánguidas

que limosna imploran… sus ojos.

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